El 1 de enero de 2003 comenzaron a contabilizarse las víctimas por violencia de género en nuestro país. Desde entonces y hasta la fecha en la que se escribe este artículo (20 de noviembre) han sido asesinadas la escalofriante cifra de 972 mujeres según las estadísticas oficiales. En lo que va de 2018 son 44 las mujeres asesinadas a manos de su pareja o expareja y más de la mitad convivían con sus agresores.

Cuesta mucho reflexionar sobre como eliminar esta lacra dado que, aparentemente, las diferentes medidas adoptadas en estos últimos 15 años nunca se han traducido en una reducción de las cifras de víctimas mortales por debajo de 50 en un año y, por añadidura, no quiero ni pensar las cifras reales de situaciones de violencia física y/o psicológica. Frente a esta cruda realidad, el ámbito de la psicología me lleva a pensar en que las personas compartimos una serie de rasgos de la personalidad que están presentes en unos y en otros en mayor o menor medida. Lo mismo pasa con las actitudes y, en este sentido, me propongo ejemplificar una que, en mi humilde opinión, es una de las principales causas (quizá el epicentro) de la violencia dirigida contra las mujeres. Por favor, imaginaos alguien que dice “la mujer de mi amigo se ha ido y él se ha quedado de niñera, vaya un rajao. Seguro que ella ha salido con ropa provocadora buscando guerra y maquillada a más no poder. Y es que todas son iguales, ya no te encuentras una señorita decente ni por asomo”.

Ahora poned la televisión y disfrutad de cualquier programa con un “presentador irónico, ácido, inteligente y que no evidencie un físico sujeto a remilgos y mirad a la presentadora que, no exenta de las primeras características, será la guapa”. Hablando de belleza, qué curioso utilizar el guapa como calificativo con mujeres extrañas que no conocemos de nada para mostrar gentileza. Eso sí, cuando recibamos wasaps con mujeres desnudas o con conductas de sometimiento nunca digamos “a mí no me envíes eso” y ni mucho menos lo califiquemos como lo que es.

Estas situaciones están más presentes de lo que imaginamos. Recuerdo esa campaña publicitaria de una cadena comercial que fue retirada por, afortunadamente, presiones sociales y que señalaba en unas camisetas para bebés el lema “inteligente como papá” y “bonita como mamá”. Huelga decir que la primera camiseta era azul y la segunda rosa. En esto de las ropas hay para todos los gustos. Qué me decís de los carnavales. Probad a buscar un disfraz de bruja y uno de brujo, de tirolés y de tirolesa, de enfermera y enfermero (si es que lo hay para el varón y no es de médico) y, como colofón, el de policía para ellos y para ellas. Sé que lo habéis visualizado y no hace falta decir más sobre la hipersexualización femenina.

Por cierto, ¿decís la mujer de…?, pero seguro que no decís el hombre de… Al menos espero que aquellas mujeres que conviváis con un hombre, tengáis la suerte de ser ayudadas (fina ironía) en las tareas del hogar (con la asunción tácita de que es para ellas y no para ellos). Lamentablemente seguimos en el mundo de las princesas y los caballeros (a proteger y cuidar en femenino frente al hidalgo defensor masculino), de las señoritas y los señores (diminutivo en femenino para las mujeres solteras ante el sobrio y taciturno término masculino indiferente a la soltería), de las ratas (femenino para designar lo avaro) y ratones (masculino para designar picardía) o de los médicos y jueces (siendo perfectamente correcto decir médica y jueza).

Añadiendo elementos a esta inquietante e inagotable lista de ejemplos, si un adolescente varón es promiscuo será una especie de héroe frente a una adolescente mujer que será considerada una prostituta. Quizá este comentario lo veas en el grupo de Whatsapp para las familias de las personas matriculadas en el instituto formado, por cierto, de forma íntegra por las madres.

Estamos hablando de sexismo en el lenguaje, de hipersexualización para lo femenino, de una atribución de roles de género discriminatoria negativa para las mujeres y de un sinfín de situaciones en las que, de alguna manera, participamos unos/unas y otros/otras, si bien es innegable la mayor presencia en varones. Estamos hablando de algo que nutre a la violencia, estamos planteando algo que hay que erradicar a través de la promoción de una verdadera igualdad, estamos instando de decir NO al MACHISMO.