Es posible que el hallazgo del cadáver de Laura haya sorprendido a muy pocos. Personalmente, me temía un desenlace similar al que ha sucedido. Sirva este texto de reflexión y homenaje a Laura, Celia, María, Paz, Dolores y tantas otras mujeres víctimas de la violencia machista. Recalcar lo de violencia machista y me parece una necesaria obviedad dado que corren tiempos difíciles en los que un tristemente no reducido número de personas cuestiona la necesidad de introducir políticas legislativas que intenten dar apoyo y contrarrestar la violencia a la que son sometidas muchas mujeres.

Laura iba a cubrir una suplencia en una escuela cercana al lugar donde ha sido hallada. El más que probable momento ilusionante de una joven que estaba comenzando su carrera profesional se ve truncado porque alguien (y esto es lo único seguro), ha decidido acabar con su vida. No pretendiendo ser investigadores y, la verdad, es que sin ningún miedo a poder equivocarnos, es difícil suponer que detrás no se encuentre algo (sí algo despojado de humanidad) que ya hemos visto en otras ocasiones. Equivocado o no, rápidamente me viene a la mente el dolor de todas las personas del entorno de esta mujer y de otras muchas familias que vieron sesgada la vida de un ser querido por el mero hecho de ser mujer. ¡Sí! la violencia machista es sobre la mujer por el mero hecho de ser mujer.

Incidiendo en la última idea a nadie se le debe escapar que Laura salió simplemente a hacer deporte, una práctica saludable que en un mundo civilizado no debería conllevar miedo a la aparición de un ser desalmado cuya única finalidad es abusar de una mujer o servirse de una nauseabunda superioridad física. En estos momentos, muchos podemos pensar que nada tenemos que ver con quienes realizan estas acciones contra las mujeres, muchos podemos considerarnos abiertamente feministas pese a que otros tantos podamos pensar que no pasa nada por cosificar el cuerpo de las mujeres, muchos podemos ridiculizar la necesidad de abrir debates lingüísticos constructivos e inteligentes sobre la utilización machista del lenguaje, muchos consideraremos absurdo el cuestionar el reparto de roles sociales como algo que surge de una cultura patriarcal, muchos podemos minimizar el peso sobre la violencia de los chistes y parodias machistas y un largo etcétera de situaciones que están entre nosotros y con las que convivimos con una aparente normalidad que ciega nuestras posibilidades de comprender que la raíz de tanta barbarie, más allá de otros factores, tiene un profundo arraigo social en forma de una sociedad no educada en la igualdad.

Quizá sea una utopía pensar en alcanzar un día en que no haya debates sexistas o iluminados que cuestionen la vigencia de leyes y acciones sociales que pretenden señalar, simplemente, el papel de la mujer en la sociedad. Cabe señalar que para los críticos de la violencia de género/violencia machista, el crimen de Laura no contabilizará como tal salvo que la persona que haya cometido el asesinato haya tenido algún vínculo en forma de ser pareja o expareja de ella. Tampoco se sabe aún si ha sido un varón, si bien hay sospechas fundadas de la comisión del delito por alguien que ya había realizado un crimen similar. En todo caso, y como plausiblemente confirmarán las sospechas, lo que sí está claro es que cuente o no en las fatídicas estadísticas, estamos ante un crimen que nos llena de hartazgo. Quiero terminar con una frase de la propia Laura que me gustaría grabásemos –junto a ella y otras mujeres- en nuestro recuerdo: “Te enseñan a no ir sola por sitios oscuros en vez de enseñar a los monstruos a no serlo, ESE es el problema”.