H.P. Lovecraft, un escritor estadounidense considerado como uno de los innovadores del cuento de terror, versaba en una de sus obras <<Hipnos>>no tenemos constancia del paso del tiempo, porque el tiempo se había convertido para nosotros en una mera ilusión”. Si bien el contexto en el que se encuadra dicho enunciado es otro bien diferente al que lo trae hasta aquí, me parecía meritorio hacer alusión a esta frase porque me parece bastante evocadora del momento en el que muchos de vosotros os encontráis, y en el que yo misma me encontré no hace mucho tiempo. La sensación que yo tuve (y que creo es compartida) es que, durante la preparación del PIR, vivía en una cápsula de manuales, aplicaciones de estudio, esquemas, apuntes, clases… en la que cualquier mínimo tiempo de distracción y disfrute era en un hito. A esto, más o menos, uno se acaba haciendo a la idea, o mejor dicho, a la rutina. Para mí, lo que más difícil me resultó fue disfrutar de ese tiempo una vez que el examen ya había finalizado, porque hasta entonces –el tiempo se había convertido en mera ilusión-.

Yo creo que llegado ese momento se producen diferentes fases que, no sé si serán universales, y probablemente no se den en el mismo orden (como las fases del duelo de Kübler-Ross, que no parece casualidad que aparezcan en mi mente como si de conexiones cerebrales se tratase en relación a esta cuestión que traigo), nos generan cierta inquietud interna así como otra sintomatología ansiosa que fácilmente podría ser objeto de una exploración psicopatológica en el Servicio de Urgencias. Existen periodos de un arduo refrescar las páginas del ministerio, meter las plantillas de respuesta en todas las academias, consultar manuales que ni siquiera conocíamos de su existencia para las impugnaciones… y un sin fin de tareas que nos mantienen pegados al evento traumático: el examen del 2 de febrero de 2019. Como buen acontecimiento traumático, aparece en forma de reminiscencias cuando nos preguntan, cuando conversamos con otros “traumados”, cuando tenemos pesadillas… Si estáis en esta fase, tranquilos, ¡hay cura! Tenéis unos recursos y potencialidades magníficos y maravillosos con los que habéis llegado hasta aquí, solo tenéis que desempolvar y volver a ellos: se llama familia, amigos (mejor si no se han presentado al PIR jajaja), actividades que hacíais antes (idiomas, danza, arte, deporte…), hobbies que habíais olvidado (series, películas, ir de compras sin prisas…), lugares que habéis dejado de frecuentar… Todo eso sois vosotros, es vuestro momento.

Y aun no he mencionado si esto tiene que ver con saber o no si uno tiene plaza porque me parece que, más allá del resultado, recuperar esos hábitos saludables son imprescindibles para volver a conectarnos con la vida; lo de después ya vendrá. Entiendo que el tono emocional no va a ser el mismo desde el inicio, pero desde la experiencia en primera persona y la práctica clínica, no hay nada mejor que cambie nuestro afecto que hacer cosas que nos gustan o que recordamos que nos gustaban. No obstante, si eres de las personas que están en un momento de decaimiento porque las expectativas no se han cumplido, porque estás tan enfadado que te sientes bloqueado, está bien también, tómate tu tiempo, ese que ni siquiera te era permitido antes para saber cómo estabas porque “tenías que estudiar”. 

Tómate tu tiempo, para lo que quieras, lo que necesites, pero no olvides que el contacto contigo mismo y con los demás te ayudará a conectarte con la realidad

(más allá del PIR).