28 de enero de 2017. Día X. Para mí era un día más en el calendario, había trabajado duro durante ese año para que así fuera, para que no me infligiese responsabilidad. Aun así, como cualquier artista que se sube a un escenario, no hay que perder el nervio, la incertidumbre, la tensión, porque creo sin duda que eso es lo que te permite avanzar. Pero, ¡ojo!, que esta tensión también hay que trabajarla. Si lo miras con detenimiento, con perspectiva, y sin duda alguna con distancia (ya han pasado dos años), puedes tomar conciencia de cuán importante es el trabajo emocional para afrontar un examen de esas características; así que si aun no lo has hecho, todavía estás a tiempo. A tiempo de aprender a relajarte, de respirar profundo y escuchar tu corazón, tu latir, sin que eso suponga un agobio; a tiempo de recordar que esto es un paso más en tu proyecto vital, un momento que no definirá tu personalidad ni tu valía académica o profesional, una experiencia como el que salta en paracaídas o hace barranquismo. Y algunos pensaréis en el resultado, en el puesto, en si conseguiréis plaza o no en la comunidad que queréis… y vale, de acuerdo, es inevitable, pero tratad de poner el foco, no en todo aquello que no podréis conseguir si no lo alcanzáis, sino en todas aquellas oportunidades que os dará la vida independientemente de lo que haya sucedido la tarde del próximo sábado 2 de febrero. Os lo aseguro, más de las que podéis imaginar en este momento, por eso me conformo con que toméis conciencia de que esas oportunidades van a estar ahí, esperándoos. Porque para mí, el 2017 fue mi año, pese a haber sido la vez que tardé más en realizar el examen, y pese a la inseguridad con la que había salido de él tan desconocida para mí…; pero antes de ese 2017, hubo un 2016 en el que no fue posible, un febrero cargado de desilusión y decepción que permitió abrir paso a meses que me permitieron un mejor conocimiento de mí misma, un mayor acercamiento a lo que sería mi futuro trabajo conociendo y colaborando en otras plataformas como psicóloga, y todo ello se lo debo a mi no plaza del 2016. Y me repito, sé que no podéis entender esto que os digo, pero solo albergo la esperanza de que lo proceséis y guardéis en algún sitio de vuestra cabecita y que florezca en los momentos de mayor tensión; es una experiencia más de vida, en la que vas a darlo todo como cada vez.

Una de las canciones que me dio por escuchar aquella vez fue “100 metros” de Amaia Montero, porque es un canto al valor, a la fuerza y a la persistencia que nos caracteriza a los opositores, y dadas nuestras dificultades, a los PIRes.

Y cada amanecer voy a repetirme que si rendirse es una opción no voy a seguirte; las ganas de luchar son más fuertes, pueden más de todo lo que incluso yo podía imaginar”