Beatriz Villar Sevilla

Universidad de Granada

CONVOCATORIA 2018 (Examen PIR 2 de Febrero 2019)

Puesto nº 35 (definitiva)

Expediente: 2,9666

Valoración parcial: 552     Aciertos: 193; Fallos: 27; Sin contestar: 5.

Número de convocatorias: 2

Creo que es bueno confesar que hace un par de meses no me imaginaba en absoluto estar escribiendo estas palabras, que pretenden ser nada más y nada menos que un pequeño empujoncito, la típica palmada en la espalda o simplemente infundir un poco de apoyo y de motivación.

Todxs lxs que hemos estado estudiando el PIR sabemos que hay personas que acaban consiguiéndolo, que cada año hay una serie de afortunadxs que obtienen esa merecida y deseada plaza. Así que una vez más viene otra de esas tantas personas para decir bien alto, que SÍ SE PUEDE, a pesar de que parezca imposible y aunque quede como la típica frase de tacita de Mr Wonderful.

Para comenzar hablaré un poco de cómo decidí meterme en la pequeña odisea del PIR y el recorrido a nivel más emocional y vivencial. Recuerdo que estaba en la Facultad de Psicología, viendo cosas por Internet y Facebook me saltó con un anuncio/notificación de CEDE, en la que se comentaba que faltaban pocos días para iniciar el curso presencial en Granada. La verdad que mi intención por aquel entonces no era en absoluto prepararme la oposición, estaba terminando el segundo año del máster sanitario, tenía mil cosas en la cabeza (prácticas, trabajo, voluntariado…), y desde la carrera y múltiples lados se nos había desalentado respecto a esa salida laboral, aunque desde siempre he querido ejercer en la psicología clínica. Sin embargo, mi razonamiento emocional actúo ahí. Me puse nerviosa sin saber por qué y acabé pensando “si estoy nerviosa por esto, es porque puede que sea algo importante para mí”… Y así de “sencillo” fue, al día siguiente estaba considerando distintas opciones de academia, buscando en qué consistía el examen, qué significaría ser PIR y ahí comenzó todo. Al final opté por apuntarme a las clases presenciales de CEDE de los sábados, en Granada.

Todo eso sería a finales de Mayo y entre que acabé unas cosas y otras, no empecé a mirar los libros/esquemas hasta Agosto, y aun así todo se me hacía un poco cuesta arriba: la cantidad de información a asimilar, el cambio de tener una vida muy activa a casi la plena reclusión para poder estudiar, el cuestionarme de verdad si quería ser una PIR, lo que supone ser una persona opositora, todo lo que se te priva o te privas a ti mismx, etc. Mientras tanto seguía medio estudiando, leyendo, pero cada día una batalla continua conmigo misma, ¿es lo que quiero?, ¿me compensará?, ¿y si no me gusta y tanto esfuerzo para nada?, ¿no sería mejor buscar trabajo mientras?, ¿y si pierdo mi juventud en esto (sí, sí…no creo que sea la única persona que al estudiar horas y horas se te ocurren dudas existenciales “chorra”) y la lista de “¿y si…?” se hacía más y más interminable.

En esos momentos acabé hablando con Rosa, la tutora, y aunque me resolvió muchas dudas, tenía otras tantas que me asaltaban día sí y día también. No fue hasta Noviembre/Diciembre de ese año cuando no me di cuenta de que el camino que estaba tomando era el que quería, quizás fuese por la disonancia cognitiva y el paradigma de justificación del esfuerzo, o a saber qué, pero el caso es que por suerte no me volví a cuestionar más el si quería seguir estudiando o no esta oposición.

En la primera convocatoria, puesto que con lo que me había costado decidirme, el poco tiempo real estudiado y demás, sabía que no conseguiría plaza, aun así salí contenta y me quedé sobre la 560 más o menos. Me tomé un mes de vacaciones y vuelta al lío, de nuevo me matriculé a clases presenciales de CEDE los sábados.

En esta segunda y larga (muy larga) fase también tuve mis altibajos, cansancio de todos los niveles, querer que pasase ya, desgana, indiferencia, frustración (y casi cada uno de los cuadros emocionales que se ven en Psicopatología), ante los simulacros, los exámenes que me hacía, etc. Pero por inercia seguía un día y otro y otro. Y por fin llegó el ansiado día del examen, del cual reconozco que no salí nada contenta por las circunstancias que vivimos cada persona que se presentó en esta convocatoria, ¿qué os voy a contar?

Leí en muchos sitios que normalmente la gente que se sacaba plaza había disfrutado del examen, se había empapado de él, yo me empapé de angustia y nervios jajaja pero supongo que gracias a eso, fue “mi” examen y el de otras tantas personas. Con esto os quiero decir que aunque evidentemente hace falta mucho esfuerzo y muchas horas de estudio, hay circunstancias que no se pueden controlar, que en sí creo que con la fuerza de voluntad que le echamos a esta oposición, no hay personas que se merezcan la plaza más que otras y que es cierto que hace falta un poquito de suerte (o llamadlo “x”) para sacarla, y que ese factor ajeno a nuestra responsabilidad es bueno tenerlo en cuenta e intentar saber gestionar cómo reaccionamos ante él y disminuir así considerablemente el malestar que podamos sentir.

Bueno, ahora me gustaría centrarme más en el método de estudio (aunque esto ya sabéis, cada unx tendrá su propio método y no es la receta del éxito). En la primera convocatoria me centré en leer y subrayar los esquemas de las clases presenciales, mirándome del libro únicamente las preguntas de convocatoria de cada tema, pero sin profundizar en los manuales, creo recordar que le di 4 vueltas, una hasta Septiembre, otra hasta el 30 de Diciembre y las otras 2 a día por esquema de clase (los cuadernitos chicos); el ritmo de cada vuelta era distinto, siendo algo más superfluo en las últimas vueltas, y con cada asignatura me hacía las preguntas del final de los manuales desde el 2000.

En la segunda convocatoria hice unas cuantas vueltas más, recalcando que yo al menos no amplié nada con libros de autor/a.

La primera vuelta (desde mitad de Marzo a mitad de Agosto), amplié los esquemas de clase y fui haciendo un Word con lo que leía en los manuales de la academia que veía que no estaban en esos esquemas, etc., aunque reconozco que al final estos Word que me hice ni los miraba (a menos que viese que estaba relacionado con los anexos que iban subiendo desde la academia o si había algo de tratamientos). Tras cada asignatura me hacía un examen (cedeexam) entero de la misma e iba anotando en una libreta todas las preguntas falladas y las que tenía duda.

La segunda vuelta (de mitad de Agosto hasta final de Octubre), me centraba en los esquemas y el Word que me había hecho,  más de lo mismo, un examen de convocatoria a la semana y si me veía con ganas (por tanto, pocas veces) un examen de la asignatura que me acababa de ver o el simulacro que correspondía (aunque más bien los simulacros me los dejé para los últimos meses para saber aprender a gestionar el tiempo, automatizar la técnica del examen, etc.). También ahí me empecé a hacer mis propios esquemas siguiendo el manual de síntesis de contenidos, los esquemas de clase y lo que veía que no me entraba en la cabeza

La tercera vuelta fue hasta la segunda semana de Diciembre. Ahí más de lo mismo, seguía haciendo mis propios esquemas recalcando en lo que más caía, seguía con las convocatorias y ahí sí que me hacía exámenes tras cada asignatura también. Y esta misma tónica fue la que seguí para las otras dos vueltas siguientes, cada vuelta de unas 2 semanas aproximadamente, algo más teniendo en cuenta los días festivos, etc., sólo que para la última vuelta, ya sólo me miraba mis esquemas y, en unas horas me miraba lo que consideraba importante (3-5 horas, según la asignatura)  y el resto lo invertía en hacer o repasar preguntas.

En fin, creo que tengo poco más que añadir, respecto a CEDE creo que fue una gran decisión hacer este camino con ellxs, tanto por los manuales, los esquemas, las clases que te ayudan a redirigirte y enfocarte en lo más relevante, lxs docentes, el que siempre estén actualizando la información, el hecho de que te atienden cualquier duda, etc.

Por último, simplemente decir que aunque ya sabéis que es un camino de fondo y supone una montaña rusa emocional diaria y una batalla continua con unx mismx, el proceso me ha ayudado a conocerme mejor a mí misma. Y un aspecto que considero clave es que es fundamental saber escuchar a nuestro cuerpo, cuándo nos dice que hay que parar y cuándo no, reconocer cuándo tenemos ganas de llorar, de ver “arder” el mundo (porque hay veces que apetecerá, reconozcámoslo) y en esos pequeños momentos, permitirnos descansar, actuar en consecuencia y buscar el apoyo necesario (en especial de familia y amigxs), que para mí ha sido imprescindible no, lo siguiente.

Sólo me queda por deciros que mucha paciencia y una frase que aunque pueda parecer sacada de un azucarillo, en alguna que otra ocasión me dio que pensar: “El primer paso no te lleva a donde quieres, pero sí te saca de donde estás”.