ROSA MARÍA CAMPOS CARMONA

Universidad de Sevilla

CONVOCATORIA 2018 (Examen PIR 2 de Febrero 2019)

Puesto nº 26 (provisional)

Expediente: 2.1142.

Valoración parcial: 571     Aciertos: 199; Fallos: 26 ;Sin contestar: 0.

El momento que da sentido a todo lo anterior, abriendo la puerta a una experiencia profesional y personal enriquecedora y única. Eso es, hasta ahora, el mayor significado que ha tenido para mí sacar una plaza PIR.

La idea de empezar esta aventura había rondado mi cabeza desde que comencé a estudiar psicología. Sin embargo, cuando acabé la carrera dudé muchísimo. Sabía que quería seguir formándome pero no tenía claro el camino a seguir. Me gustaban varias áreas muy diferentes de nuestra disciplina y apostar por una de ellas haciendo un máster específico daba un poco de miedo. Por otro lado, sabía que por expediente y otros méritos era probable que me admitieran en el famoso máster de psicología general sanitaria que, en teoría, casi todos debemos tener. Así que tomé la decisión de cursar ese máster, que pude hacer en mi misma facultad, sin cerrar ninguna puerta y abriendo alguna que otra.

Los dos años de máster fueron muy intensos. Muchas clases, invitados de excepción, infinidad de trabajos y muchas horas de prácticas en diferentes centros. Considero que fue una gran oportunidad de seguir aprendiendo, dentro y fuera de las aulas, de grandes profesores a los que admiro y de otros profesionales de nuestra disciplina y su práctica en el día a día.

Además de la formación, para mí fue una ventana al extenso mundo de la psicología, una mirada guiada a sus diferentes salidas y aplicaciones. Y dentro de todas ellas, mi interés por la clínica, lejos de atenuarse, seguía creciendo. Por ello, elegí hacer una de las prácticas en la URA de uno de los hospitales más importantes de mi ciudad, para conocer de cerca cómo se puede ayudar a las personas que sufren trastornos mentales desde la sanidad pública. Tras esta apasionante experiencia, en mí no cabía duda alguna. Y en medio del segundo curso del máster, tomé la decisión de prepararme el PIR.

Elegir ser opositor PIR conlleva una sucesión de elecciones constantes. La primera de ellas consiste en decidir cuál será tu academia de confianza y tu forma de preparación. Se trata de una de las decisiones más importantes y, en un primer momento, no eres consciente de cuánto. Tras investigar en profundidad, ver las diferentes opciones y hablar con los pires que encontraba en la URA, decidí ponerme en las manos de la academia Cede y opté por la preparación presencial de sábados de mayo a noviembre. Benditas decisiones ambas.

Y así comenzó todo. Fueron unos meses muy difíciles, pues las prácticas y la investigación del trabajo fin de máster abarcaron casi todo mi tiempo hasta el mes de octubre. Por ello, apenas podía leerme los manuales antes de las clases de cede. Sabía que sería una primera convocatoria de toma de contacto, por lo que debía optimizar y discernir entre lo principal y lo accesorio del temario. Y en esta cuestión los profesores de cede tuvieron un papel fundamental. Además de su profundo conocimiento sobre la materia y sus explicaciones, que hacen fácil y ameno lo más complejo y aburrido de nuestro querido temario abierto, los profesores de cede tienen un dominio del examen y del cómo enfrentarte a él con ciertas garantías de éxito que roza lo premonitorio. Por otro lado, los materiales de cede son muy completos y, sin duda, otra pieza fundamental en esta preparación, adaptándose a cada momento de la misma, primero con sus manuales y posteriormente con material en forma de esquema de cara a poder repasar más rápidamente y con lo imprescindible condensado, optimizado para los últimos momentos. Con todo ello, mi preparación en el primer intento consistió en el aprovechamiento de clases presenciales, una lectura comprensiva de los manuales que finalizó en el mes de diciembre y dos meses de estudio de apuntes de clase y esquemas, guiándome principalmente por aquellos conceptos en los que más hincapié habían hecho los profesores. Este intento precipitado y el examen sencillo de la convocatoria 2017 no me dieron resultados de éxito, pero sí algunas respuestas. El puesto 132 te dice que es posible, que se puede, que esos son los materiales, que ese es el método de estudio y, en definitiva, que ese es el camino a seguir.

Con la motivación de ese puesto y de la academia Cede, que premia y valora el “quedarse a las puertas”, comienza mi segundo intento, el primero de dedicación exclusiva a la preparación PIR. Con sus ventajas y sus monstruos. Es en este año cuando descubro lo que realmente significa opositar. Con rotuladores de colores y el pijama de uniforme. Horario completo y rechazo de planes. Incomprensión. Ojeras permanentes, recuento de páginas, cálculos absurdos de aspirantes y ratios por plaza intentando adivinar lo imposible. Incertidumbre. Dudas. Miedos. Riesgo. Opositar tiene dos asignaturas: los materiales y tu cabeza. Se trata de un proceso personal complejo, con altibajos, de descubrimiento, gestión y crecimiento personal. Es imprescindible encontrar el equilibrio: abandonar el látigo de la autocrítica, pero manteniendo disciplina y constancia; estudiar duro pero recompensándote y cuidándote; madrugar pero dormir lo necesario; tendrás que sacrificar planes pero no pierdas el contacto con los tuyos; primar estudiar pero no limitar tu vida a eso. En definitiva, saber que eres mucho más que una oposición y un número de orden.

Después de tantas vueltas a esquemas, nuevos manuales de Cede, manual de tratamientos, exámenes, simulacros, tantos NO a tantas cosas, llegó la convocatoria de 2018. El examen más importante de mi vida y el más difícil de la historia del PIR. Creo que nunca había escuchado a tanta gente resoplar a la vez. La cosa después de tanto esfuerzo no pintaba nada bien y no sentía que tenía el control del examen, pero había que hacerlo. Había que “seguir nadando” cinco horas más. Personalmente, me ayudaron muchísimo, dada la dificultad de este examen en particular, las pautas que la academia ofrece de cara a enfrentar un examen pir y las indicaciones que el profesor José Luis compartió con los alumnos presenciales el primer día de clase.

Finalmente, a pesar de las dificultades y errores de esa convocatoria, esta experiencia tiene un final feliz. La respuesta a tantas preguntas era un SÍ en forma de número 26. Es en ese momento, que no terminas de creer, cuando todo cobra sentido y compruebas en tu propia piel que, a veces, los sueños pueden cumplirse y, con mucho esfuerzo, puedes pasar de leer estas líneas en tu ordenador a estar escribiendo desde el otro lado de la pantalla. Gracias a la academia Cede, a mi familia y, especialmente, a Javi por acompañarme hasta la meta.

Creo firmemente que opositar es de valientes. Valientes que se enfrentan al miedo de apostar y perder, de perseguir sueños que pueden romperse. Todo para poder, algún día, ayudar a otras personas que aún ni conocen. Mucho ánimo y fuerza a todos esos valientes que emprenden esta aventura y a los más valientes aún que siguen luchando por ella otra convocatoria más.