Esa es una experiencia que casi todas las personas han tenido en uno u otro momento de sus vidas, pero el problema viene cuando las fronteras se diluyen definitivamente y tu mundo se derrama en todas direcciones”.

La residencia no solo te acerca a la práctica clínica, a lo más experiencial de la psicología, sino también a la parte más humana y formativa con libros que no son clásicos, pues son recientes en el tiempo, pero que deberían ser de cabecera, como ese manual llamado DSM (o CIE) que tanto nos insisten en que aprendamos.

En los comienzos de la práctica como psicólogo clínico, es habitual que uno se atribuya un carácter omnipotente de poder “salvar” al otro, que es alentado por nuestra motivación y esfuerzo previo, una justificación de este, vaya. Y no está mal, hay que intentar no juzgarlo, tan solo contemplarlo y entender que él nace de nuestro interés por poder mirar a los demás. Si bien, parece que hay un momento a lo largo de la formación como profesional, en el que uno se puede llegar a decepcionar si cae en la cuenta de que, las personas a las que atendemos mejoran por factores a los que nosotros somos ajenos. Y entonces entran las dudas: “¿habrá merecido la pena tanto esfuerzo?”, “¿esto era lo que yo esperaba?”. Leer este libro, “Desmesura”, te ayuda a ver esa decepción desde la ternura.

Quizás os preguntéis, qué tiene este libro que tan revelador parece… Es la historia novelada de la vida de una persona que escucha voces, narrándola en primera persona “lo primero que debe tenerse en cuenta es que se trata de una irrupción violenta. Un hachazo en la biografía de la persona. Lo segundo es que la experiencia suele ser percibida por los demás como un atentado contra la normalidad. Su normalidad”. Uno como profesional debe aplazar su saber científico cuando se encuentra frente a una persona con sufrimiento psíquico, pues solo él es experto de su experiencia, y en cierta medida, solo él será capaz de encontrar el camino de la salida. Y es difícil, muy difícil, asumir que todas esas terapias que aprendemos en los libros la mayoría de las veces no sirven. En este punto, uno puede caer en una decepción más profunda aún y que sus defensas salgan a flote tras sentirse agredido ante este hecho; si bien, el punto de inflexión confluye cuando uno entiende que nuestra intervención va más allá de lo que viene descrito en las guías, y de alguna manera, así lo refleja el protagonista y autor del libro: “porque si eso que llamamos -psicosis- se caracteriza por la fractura de medidas y distancias, la solidaridad, la amistad y el amor son capaces de dinamitar la rigidez del sufrimiento y abrirle paso a la vida […] La posibilidad de levantarse cuando te has despeñado está directamente relacionada con la cantidad de manos que tengas cerca para ayudarte, y con su fuerza”. Quizás nosotros solo podamos ser esa mano que empuja e impulsa, y cuando digo “solo”, no me parece que sea poco ni fácil. Quizás la intervención vaya más allá de seguir unos pasos específicos y lo que más beneficio reporte sea el simple hecho de estar, lo cual tampoco me parece que cualquiera pueda hacer.

Para mí, sin duda, ha sido una de las revelaciones personales y profesionales que más significado a dado a lo que hago y a lo que soy, y eso me facilita el mirar a las personas que ayudo de otra manera diferente.

Quedáis invitados a este encuentro contigo mismo. Quedáis invitados a revivir vuestra “Desmesura”.