Dado el afán que tengo por llevar al plano psicológico todo, quién no recuerda esta noche con cierta congoja interna y un run run de nervios que impedían dormir. Como, por mayores que seamos, terminamos comportándonos como niños, recomiendo levantarse pronto el día anterior y no echarse siesta. Esto de dejarles comida está muy bien porque si no se la comen al día siguiente tienes un buen desayuno. 

Por cierto, la “gracieta” del título todos la hemos escuchado en algún momento de nuestras vidas y, sea por ella o no, el que suscribe fue fraguando un apego hacia el Rey Baltasar que ya comenté en anteriores escritos. A Baltasar también se le llamaba Barttshan y fue uno de los sabios de oriente que siguió una posible estrella fugaz (cometa, conjunción estelar, etc…) que orientaba hacia Belén. Baltasar pudo ser de origen babilónico y se considera era el representante de la juventud del hombre. Espero que no asociéis la mirra a la juventud porque el significado de la misma se vincula a la conexión con la vertiente humana al ser utilizada en el pasado en los entierros. 

Al lado de Baltasar iban Melchor y Gaspar. El primero de ellos provenía del oriente más rico y de ahí su dorada carga en forma de oro que entregó a Jesús a modo de reconocimiento. Detrás de Melchor hay una historia romántica, ya que nunca se había separado de su esposa y durante el viaje hacia el encuentro de Jesús mostraba tristeza en su rostro por tal separación. Al regreso de su divino viaje se enteró del fallecimiento de su esposa. Una curiosidad es que se discrepa si el origen de Melchor era europeo pero, no hay discusión, en que era el rey mago asociado a la luz. 

En cuanto a Gaspar y dada la raíz etimológica de su nombre, hablaríamos del administrador del tesoro y, en su aportación de incienso al niño Jesús, estaríamos ante el exponente de la etapa anciana del hombre. La verdad es que uno que considera está en la “madurez”, echa de menos un representante de la misma, pero bueno, es lo que hay. De Gaspar se dice que era sacerdote y, dado su cargo en aquel entonces, una de las personas más influyentes del reino que, todo sea dicho, quedo deslumbrado por la imagen de María con el niño Jesús. 

Volviendo a mi “preferido”, no hablamos de un rey ni un sacerdote como en los casos anteriores, sino de un mago que, según cuentan las leyendas, tenía una pareja llamada Melissa. De los tres “reyes” fue el mejor parado en las lides amorosas. Y si dicen que hay tres cosas en la vida que son salud, dinero y amor, parece que el amor se lo llevo Baltasar, por no decir que la pasta Melchor y esperemos que la salud Gaspar, aunque ya conté las vinculaciones de los reyes con estos tres deseos vitales. 

Terminando, otra de las tradiciones asociadas a los Reyes Magos es la de que si no se hacen bien las cosas nos acabarán trayendo carbón. Tras tan indeseado regalo se encuentra un paje de los Reyes Magos que se llamaba Carbonilla. Siguiendo con la aclaración de tradiciones quiero contaros que lo de poner los zapatos procede de Holanda y el pensar en el día de los Reyes Magos como el día de reparto de regalos viene de mediados del siglo XIX. Me resisto a atribuir el carbón a Baltasar como se hacía antaño y sigo pensando en su posición sobre el pedestal de mi favoritismo para esta noche mágica en la que os deseo unos Felices Reyes Magos.