Las teorías explicativas en torno a las conductas antisociales y/o delincuencia intentan dar una causalidad de su aparición y posterior mantenimiento. Unas teorías pueden ser más interesantes que otras, incluso algunas pueden parecer realmente convincentes frente a otras claramente desechables, pero todas han de ser valoradas en su justa medida de acuerdo a una adecuada comprensión de la génesis delictiva. Existe un espectro de causas que juntas o por separado serían capaces de predecir una mayor probabilidad de aparición de las conductas problema. Las teorías explicativas tienen en cuenta la gran variedad de factores sociales, individuales, biológicos y ambientales que rodean a las personas, en este caso, los adolescentes principalmente. Pese a que unos autores se decantan más por un punto de vista sociológico frente a otros, que abogan por lo psicológico, la mayoría de las teorías enfatizan en una interacción de factores personales, ambientales y conductuales. En este artículo expondremos las teorías basadas en la socialización, planteando otro con aquellas centradas en la estructura social defectuosa.

Centrándonos en teorías basadas en la socialización (deficiente), destacan los enfoques ecológicos. El exponente más claro de las teorías ecológicas lo constituye la Escuela de Chicago fundada por Park. La idea principal de la escuela ecológica es la hipótesis zonal de Burgess, quien analiza la delincuencia en la ciudad de Chicago. Se postula la división de la ciudad en zonas concéntricas. En el interior se encontraría la zona de negocios y alrededor de ésta la zona de transición, donde aparecerían fábricas, suburbios y el barrio chino.  La tercera zona estaría compuesta por gente trabajadora y alrededor de estos aparecerían las dos últimas zonas con cada vez más hogares fuera del alcance de los suburbios. Según Burgess el área de transición sería el de mayores problemas para la integración, llegando constantemente inmigrantes cuyos hijos se enfrentaban a seguir la lealtad a sus costumbres de procedencia o hacia las nuevas normas.   Por esto, sería la zona potencial de mayor delincuencia. Por otro lado, estarían las teorías del aprendizaje (social) que explican la conducta delictiva como un comportamiento aprendido, ya sea basándose en el condicionamiento clásico, el operante o el aprendizaje observacional o vicario. El aprendizaje observacional supera las limitaciones generadas por el condicionamiento clásico y el operante; que aunque podían explicar la génesis y el mantenimiento de la conducta delictiva, tenían notables dificultades para explicar la aparición de respuestas que supuestamente no estaban existentes previamente en el repertorio conductual de los sujetos.

Otro enfoque relevante en la socialización es el de la asociación diferencial. Sutherland considera que se puede ser delincuente o respetuoso y honrado según el ambiente en que haya vivido uno. Su teoría se llama también de los contactos diferenciales. El comportamiento desviado o delincuencial, al igual que el comportamiento normal o social, es aprendido. Las personas, al vivir en sociedad, se relacionan continuamente con otros, pudiendo convivir y relacionarse más a menudo con los que son favorables a la ley o, por el contrario, con aquellos que violan y fomentan saltarse la ley. Un joven se volvería delincuente o tendría más posibilidades de serlo cuando las actitudes positivas frente al comportamiento desviado superan cuantitativamente a los juicios negativos hacia el mismo, es decir, se ha aprendido más a violar la ley que a respetarla. Los delincuentes jóvenes serían miembros “sanos” de una “sociedad enferma” que simplemente han estado expuestos a un estilo de vida delictivo. La asociación diferencial con grupos antisociales o no-antisociales sería la única posible explicación de las conductas delictivas. Obviamente, esto sería criticable y el propio Sutherland se dio cuenta de ello en un escrito en el que señalaba que su teoría incumplía, entre otras cosas, consideraciones de oportunidad para cometer actos delictivos.

Y qué decir del enfoque de las subculturas que son definidas por Cohen  como aquellas estructuras que forman los grupos que dentro de la sociedad se apartan o rechazan mayoritariamente la moralidad y ética de la mayoría. Las subculturas se formarían cuando hubiera un número de personas con similares problemas de adaptación para los cuales no habría soluciones institucionalizadas ni tampoco grupos de referencia alternativos que les dotasen de otro tipo de respuestas. En estos términos, es probable que si las circunstancias lo favorecen, estas personas “desorientadas”, acaben por encontrarse y unirse, creando una subcultura nueva que sirva de solución para sus problemas de aceptación social.

Abarcando más enfoques, Matza y Sykes  proponen como solución a las discrepancias entre la teoría de la asociación diferencial y la de las subculturas, la teoría de las técnicas de neutralización. Recibe su nombre debido a que los jóvenes descubren la inconsistencia y vulnerabilidad de las leyes imperantes, conteniendo implícitamente sus propias formas de neutralización. Por esto, cualquier persona puede reclamar varias clases de justificaciones atendiendo a que según sus creencias u opiniones, en determinadas circunstancias atenuantes, no están obligados por la ley (p. e.: actuar en legítima defensa). El joven delincuente se justificaría para liberarse de la culpa que tiene al comportarse antsocialmente con las técnicas de neutralización. Lo haría negando su responsabilidad (p. e.: el alcohol, las malas compañías, etc.), negando el daño (p. e.: niegan que alguien resulte perjudicado por sus acciones), negando a la víctima (p. e.: racionalizan sintiéndose víctimas ellos mismos –racismo-), condenando a los denunciantes (p. e.: culpar a los padres o a la autoridad de corruptos) y apelar a grandes lealtades (p. e.: justificarse por la lealtad a sus amigos frente a cualquier demanda social).

El último de estos enfoques es el de la anticipación diferencial. Glaser postula un modelo teórico que integra elementos de teorías del aprendizaje como la de la asociación diferencial (14), y teorías sociológicas como la de la oportunidad  y la del control diferencial, todo ello en un marco de elementos derivados de la teoría del aprendizaje social de Bandura.    Según la teoría de la anticipación diferencial, cuando un individuo realiza o rechaza la comisión de un acto delictivo lo hace en función de expectativas sobre las consecuencias de tal hecho. La modulación de estas expectativas se hará en función de: 1) la totalidad de los vínculos sociales convencionales y criminales del individuo; 2) el aprendizaje social a través de modelos de comportamiento y refuerzo directo de conductas sociales o antisociales; y 3) la percepción de necesidades, oportunidades y riesgos de las circunstancias que rodean el posible acto delictivo.

Bibliografía recomendada: Muñoz, J. J. y Navas, E. y Graña, J. J. (2004). Conducta antisocial en adolescentes: teorías explicativas psicosociales. Psiquis, 25, 79-86.

Continua…