Lo sé, hay epígrafes mejores pero a las siete y cuarto de la mañana no está mi cerebro para muchos trotes. Captar la atención con un título así es difícil, sobre todo si se asocia con algún tipo de problema intestinal matutino y no tanto con el atasco infernal típico de hora punta en el que me han venido a la mente tan inquietantes palabras. Todos sabemos que hay muchos tipos de retenciones y lo más duro del concepto es que casi nunca (quizá nunca) aluden a algo positivo. Al fin y al cabo la retención implica atascos (de diversa índole), detención de humores corporales a excretar (perdón de antemano) o dinerillo que se descuenta de nuestro siempre amenazado sueldo (dicen que para pagar impuestos).  De todas las retenciones señaladas quizá, por las fechas, la que suele remover al personal es la del IRPF (hacienda mediante).

Pero tranquilidad, no voy a atormentar al personal con eventuales problemas fiscales o estomacales ni mucho menos hablar de los atascos viales que disfruto por las mañanas. Retención también implica que algo no se dé en el momento oportuno y necesariamente se aplace su cumplimiento o ejecución (esto puede valer para los tres ejemplos previos). Si todavía no os habéis dado cuenta, estoy intentando hablar de la procrastinación, es decir, la tendencia a retrasar actividades o situaciones importantes por otras anodinas pero agradables. Por dar un matiz más positivo, sería postergar lo estresante o desafiante por algo asumible, factible y con poca exigencia de recursos.

Admito que yo procrastino y quizá tú procrastines. ¡Vaya!, empiezo a pensar que él procrastina y     que, por terminar de conjugar, nosotros procrastinamos, vosotros procrastináis y ellos procrastinan. Personalizando algo, sé que estoy derivando hacia la procrastinación crónica y que no es sólo la astenia primaveral la que provoca incapacidad para levantar mis posaderas del sofá una turbia y resacosa  mañana dominguera (¡ejem! generalmente por cargas laborales). Siendo más didáctico, en la actualidad hay muchos factores que favorecen la tendencia a procrastinar y. como no podía ser de otra forma, tienen que ver con los nuevos hábitos derivados de las imparables tecnologías (internet, teléfono móvil, etc.). Sintetizando, el procrastinador tiene dificultades para la autorregulación que afectan al sistema volitivo. Deja pasar el tiempo hasta que llega el último momento. Sus expresiones preferidas son “ya lo haré”, “tengo otras cosas antes”, “voy en orden de relevancia”, “me gusta hacer las cosas a su momento debido”… y un sinfín de auto y heterojustificaciones más.

Dicen que en la base de la procrastinación pueden estar problemas de autoimagen o autoconcepto (creo que no es el caso), de perfeccionismo y miedo al fracaso (quizá algo de lo primero), ansiedad y catastrofismo (ni fu ni fa), rabia e impaciencia (pelín de lo segundo), necesidad de sentirse querido (¡ejem!,) o sentirse saturado (ahí lo han dado). El que predomine uno u otro determinante de la procrastinación implica que se clasifique en una tipología triple. Así, los que procastinan por miedo al fracaso son presos de una baja auotestima; los que procrastinan por indecisión tienen un Complejo, y no de Edipo (quizá también), sino de Penélope (imbuidos en pensamientos circulares sin tomar decisiones) y; por último, están los procrastinadores por activación (¡ejem!) que son antagonistas de los primeros.

Por cierto,  mencionar que la retención tiene que ver con la memoria también y, si nos damos cuenta, todos los conceptos planteados están entrelazados. Nietzsche consideraba el olvido como una facultad activa y que suponía lo esencial de la primitiva animalidad humana que había sido interrumpida en los casos en que hubiese que hacer promesas y producir memoria. Vamos que, en castizo, sería algo así como una especie de olvido adaptativoejem!). Pero el procrastinador no olvida (que lo sé yo), simplemente aplaza por un tiempo limitado o, llegado el caso, por la eternidad. Total, que mañana utilizaré el atasco matutino para justificar la imposibilidad de terminar un trabajo que me encargaron hace un mes y es que, para eso sirven las retenciones o el arte de procrastinar.