Dicho así puede parecer el nombre de un grupo musical de reputación cuestionable o algún baile regional con una coreografía arrítmica. Sin embargo, el término en cuestión se refiere a síntomas de malestar general, aceleración del pulso (no por el baile regional), dolor intenso de huesos, debilidad, pérdida de peso y fiebre. Si la cosa se agrava llegan a aparecer esputos de sangre (yawartoqay lo llaman). Parece ser que la causa de esta afección es Tayta Orcco Unquy por Wamani que, en castizo, significa estar agarrado por el espíritu del cerro –el tal Wamani– y, básicamente, el amarre proviene de no realizar los pagos u ofrendas antes de realizar los trabajos de campo, dejar caer gotas de sangre en tierra virgen o por cambiar de casa sin pagar una ofrenda. Tranquilos los morosos de los lares ibéricos que, en principio, esto pasa sólo en los Andes.

El Pachajapin y otros síndromes culturales son abordados por la psiquiatría transcultural. Hay síndromes más conocidos que otros y, en este sentido, destacan el Wendingo (América del Norte) o el Amok (su origen se ubica en . al venir de la palabra malaya meng-âmok –atacar y matar con ira ciega-). En el primero aparecen anorexia, náuseas, vómitos así como episodios de insomnio o alucinaciones por la creencia de ser poseídos por el espíritu Windigo, que termina provocando canibalismo. Esta patología la pueden sufrir tribus del norte de Canadá y Alaska. El Amok, pese al origen terminológico en el sudeste asiático, está muy presente en nuestras vidas con tragedias como la matanza de 59 personas y las heridas provocadas a más de 500 por Stephen Craig Paddock en octubre de 2017 en las Vegas. Como en otros casos de Amok, tras disparar indiscriminadamente se suicidó..

Describiendo otros síndromes menos populares, me viene a la mente la Tricia (típica de Bolivia) que implica una tristeza reactiva acompañada de insomnio y falta de fuerza presente en niños por la carencia de sus progenitores y pérdida de algún pariente. Está la variante amorosa del asunto para separaciones, divorcios y asuntos parecidos que, guasa tiene el nombre, se llama Amártelo (enfermedad de la añoranza o nostalgia). No sé si peor, pero desde luego lo parece, es el Sindrome de Morgellons (en nuestra sociedad). Quienes lo padecen presentan actividad delirante consistente en la creencia de estar infectados por elementos capaces de transmitir una enfermedad (p. ej.: insectos) y, por ello, se hacen escoriaciones fruto del rascado subsecuente a la percepción de hormigueos continuos. Hay muchos más –conocidos- como el Pibloktoq (histeria del ártico) o el Latah (shock repentino típico del sudeste asiático) y otros no tanto como el Andahuaylas, derivado del Susto, que cursa con diarreas por miedo… Así que poniéndonos culturetas ya no diremos que “me c… de miedo” sino que, siendo sencillos, estoy con Andahuaylas (no sé qué suena peor).

Otro síndrome interesante es el Kutichiy o contagio mágico. En este caso no hablamos de una afección mental en sí misma sino de la atribución a los espíritus de provocar enfermedades en los seres queridos que pueden haber transgredido un contacto prohibido con entes o espíritus que se consideran tabú. Por cierto, las dos últimas son propias de la . (tribus quechuas). Otro ejemplo sería el Grisi Siknis (propio de la sociedad misquito –grupo étnico de Centroamérica). Los síntomas son ansiedad, ira, miedo irracional, dolor de cabeza, mareos y náuseas. Tras esto se pierde la consciencia y se cae al suelo. Al rato viene un despertar a la carrera y con un estado disociativo junto con descontrol comportamental (pies para qué os quiero en caso de estar al lado).

Quizá lo más interesante de todos estos síndromes es la notable influencia que ejercen las sociedades en la expresión de la psicopatología. La psiquiatría transcultural integra aspectos de la psicología social y de la escuela culturalista del psicoanálisis, insistiendo en el papel que ejerce la cultura, la expresión sintomática y fenomenológica del cuadro psiquiátrico así como su implicación en la génesis de la aparición de determinados cuadros psiquiátricos. Cerrando con un homenaje patrio (en realidad de nuestras latitudes), espero que nunca viváis un mal de ojo (crucemos los dedos).