Lombroso se esforzó por realizar una clasificación de los delincuentes desde un punto de vista estadístico y determinó la existencia de tres tipologías que eran los llamados delincuentes natos (seres atávicos y poco evolucionados incluso con una morfología características), los enfermos (su enfermedad física o mental determinaba su potencialidad delictiva) y los criminaloides (grupo más amplio y que no tenía ninguna de las anteriores características pero sí una predisposición al comportamiento delictivo en determinados contextos).

Tirando de clasificaciones policiales, las Unidades Científicas de Conducta del FBI clasifican entre agresores organizados y desorganizados. Este tema fue puesto en liza en el pasado pero parece interesante retomarlo desde una perspectiva más profunda. En este sentido, el agresor organizado planifica y no se deja llevar por el azar, siendo capaces de aplazar el delito si no perciben las circunstancias oportunas. Eligen a sus víctimas y usan una serie de instrumentos concretos. Los escenarios del crimen suelen aparecer “limpios” y pueden usar escenarios secundarios, siendo habitual que oculten los cuerpos. Son personas deseosas de experimentar sus fantasías y suelen poseer una inteligencia medio-alta y desarrollar trabajo cualificados. Son personas integradas socialmente con buenas competenciales sociales. Su estatus social y familiar es medio alto y estable. Siguen los avances de las investigaciones y mantienen el control de su comportamiento. Habitualmente se llevan un “recuerdo” o un “trofeo” de sus  víctimas.

Por el contrario, los agresores desorganizados cometen su delito de forma espontánea y con gran violencia. Seleccionan sus víctimas al azar y matan con lo que tienen a mano. El escenario del crimen suele aparecer caótico y violento. No ocultan ni sus almas, ni los cuerpos de las víctimas. Poseen pocas habilidades sociales y sexuales y suelen proceder de familias desestructuradas. Son personas que suelen vivir solas o en compañía de ascendientes de carácter muy dominante. No les preocupa la investigación y suelen actuar en una “zona de seguridad”, es decir, viven en las proximidades de la escena del delito. Su personalidad se caracteriza por cambios bruscos de humor y no son infrecuentes las adicciones.

En anteriores escritos ya comentamos otra clasificación como la de los asesinos en serie (serial killer), a saber, aquellos que han cometido tres o más delitos de la misma tipología y los denominados asesinos en masa (mass murder) que, en una misma acción delictiva y en el mismo espacio de tiempo, causan la muerte a tres o más personas. A estos tipos se les unen los llamados spree killers, que son los asesinos de “juergas, excursiones o por diversión”. Son personas que cometen tres o más delitos, aunque sean de distintas tipologías en distintos sitios y en diferentes espacios de tiempo. Suelen actuar en pandillas durante sus “juergas” de fines de semana.

Centrándonos en el contexto, el escenario organizado es aquel en el que la víctima es extraña y una sola. Se aprecia una actuación sumisa de la víctima y se usan medios para la inmovilización con actos agresivos previos a la muerte. Sin embargo, en el escenario desorganizado hay signos de despersonalización, ausencia de signos de conversación, una escena descuidada y uso de armas u objetos con una extrema violencia.

Las técnicas de realización de perfiles suelen ser muy útiles a la hora de detener al delincuente. Aunque aquí se han presentado los aspectos básicos, lo cierto es que el campo de la psicología de la personalidad aplicada a la criminología ha aportado grandes resultados en las investigaciones, mostrando la relevancia del análisis del comportamiento. Y es como, como decía Cervantes, los delitos llevan a las espaldas el castigo.