El otro día le dije a un conocido (antes de ese momento era amigo) que era un poco machacón. No quedó muy conforme con mi calificativo y señalé como continuamente estaba evocando detalles del pasado para reprochar a otras personas y dar solidez a sus comportamientos. Intenté darle un matiz positivo a su paranoidismo y le indiqué que, en realidad, mostraba una pseudohipermnesia. Lo cierto es que cada vez la cosa se iba complicando más y, ahora mismo, me da la sensación de estar viviendo ese momento pasado (ecmesia), aunque hace un rato he repasado situaciones similares que han pasado en mi vida y las he recordado vívidamente (hiperamnesia).

En esto de la semiología psiquiátrica hay términos para todo y no voy a deciros en qué situaciones muestro un discurso ininteligible con una inadecuada conexión entre las palabras que, en ese caso, vocifero. Llamadlo cómo queráis, bien sea paragramatismo o esquizoafasia que, en mi caso, ese azúcar transformado por enzimas tiene la culpa. Culpa, pulpa, tulipa… son palabras que vienen a mi mente a modo de resonancias. Tranquilidad que aunque parezca que la moria se apodera de mí, no estoy aún tan frontalizado y desinhibido y pese a que tal vez mi jerga pueda parecer ocupacional (incomprensible) aún me muevo en un lenguaje aparentemente lógico.

Añadiendo más datos, no detecto dificultades serias para expresar ideas por la escritura, reconozco los dedos de mis manos (aunque lo de índice y anular alguna vez supuso un embrollo) y, de momento, sumar no es una de mis mayores dificultades ni confundo demasiado la derecha con la izquierda. Así que descartamos Síndrome de Gerstmann y, puestos a pedir, descartamos también el de Anton (ceguera cortical). No obstante, a veces no sé ni como soy capaz de ver, ya que tengo una profunda somnolencia. No recuerdo si sueño, por lo que espero no haber perdido la capacidad de soñar que, más que eso, es una incapacidad para reconocer caras y objetos y/o rememorar imágenes (Síndrome de Charcot-Wilbrand).

Tirando de lo anímico, uno no es precisamente un poeta y me faltan las palabras para los afectos (alexitimia para los amigos). Por cierto, recordando lo del azúcar de antes, también me lleva a la euforia a veces, lo que implica alegría patológica que, para que no dudéis de mi afán docente, es lo contrario de la tristeza patológica. Quizá con la gracia acabo de dejar a quien lea esto, aplanado (con voz monótona y cara inmóvil) e, incluso, embotado (sin casi capacidad para expresar afectos).

Toca ahora explorar lo alucinatorio y no sé si creéis en los vampiros pero seguro que sabéis que aquellos que no se ven en el espejo, no son vampiros, sino personas con una autoscopia negativa. Si en ese espejo o allá donde miren ven las cosas pequeñas, tendrán alucinaciones liliputienses y si las ven grandes, las tendrán gulliverianas. Más llamativa me parece a mí la formicación (alucinación táctil con creencia de insectos recorriendo la piel) pero, para aspectos curiosos, los relacionados con los delirios.

Algunas personas pueden creer que están muertas (Síndrome de Cotard) y otros creen vivir en una ficción televisada (Delirio de The Truman Show). A estos se añade el Síndrome de Capgras o la intermetamorfosis. En el primero, se piensa en que alguien importante de nuestra vida puede haber sido suplantado por un impostor, mientras que en el segundo, el afectado piensa que quienes le rodean se convierten en alguien más, pudiendo ver cómo sucede el cambio en estas personas (ahí ya estarían con una alucinación compleja). Paramnesia reduplicativa (ha cambiado un lugar –p. e.: la casa del afectado de un lugar a otro) y Síndrome de Fregoli (varias personas del mundo son realmente la misma persona), no suponen más que otros tantos ejemplos de trastornos del contenido del pensamiento.

Por ir cerrando, si nos centrásemos en el lenguaje, a más de un@ nos entraría un poquito de disfemia y es que es ¡tal la cantidad de términos! Afasias, taquifasias, dislalias… me hacen entrar en la disprosodia (con dificultades en la velocidad y ritmo del habla). Para no liarme más, prefiero volver al inicio de este artículo, a ese momento en el que quien fue mi amigo dejo de serlo por mi logorrea y, en aras de mejorar mi futuro, deseo tener mayor latencia de respuesta.