En esto de las generaciones humanas se han utilizado términos de toda índole. Me vienen a la mente la generación perdida, la grandiosa, el baby boom  y, en las que me voy a centrar hoy son las X, Y junto con la Z. Es curioso como bajo una denominación se califica a todos los miembros de la misma generación y, no menos cierto, es que cada una de ellas tiene sus propias características e incluso su jerga.

Aquí el que suscribe pertenece a la Generación X, es decir, los nacidos entre 1962 y 1979 (no os atreváis a llamarme carca). Después de los X, vienen los Y  o millennials (nacidos entre 1980 y principios de los 90) y, por último, los Z o centenial (mediados de los 90 hasta mediados de la década del 2000). Admito que como sujeto X me aferro a la juventud, algo que quizá tenga que ver con esto de ser reconocidos como generación Peter Pan (nos culpaban de no salir de casa ni a los 30). Sin embargo, me resisto a muchas cosas “modernas” y si hay algo que me pone de los nervios es el rollo de los anglicismos. ¡Vaya manía de decir todo en inglés en el mundo millennial! Así no hay quien viva tranquilo y, lo que es peor, me obliga a reciclar mi maltrecho conocimiento del inglés.

Lo que no puede ser es que hoy por hoy puedas oír a alguien decir lo siguiente: “no tengo cash para salir de fiesta, así que lo veré como una chance y en menos de un click me pongo la ropa fashion de runner en el backstage del job y me olvido de los business; eso sí,  a ver si aguanta el Smartphone al poner temas  en streaming con mis auriculares bluetooth”. Al escuchar esto se me ponen los ojos como platos y los pelos como escarpias al pensar que esto se nos está yendo de las manos. Pensad que en el  idioma X esto se traduciría por algo así como “no tengo un p### duro pa salir de juerga y, como no me queda otra, pues me pongo unos pantacas cortos y me cambio en el curro tras escaquearme y llevarme el Nokia –éste sí que aguantaba la batería- y ponerme el walkman”.

Otro día escuché como dos personas Y, aparentemente de broma, se llamaban el uno al otro monger (difusor de rumores o, en castizo, liante) y el otro al uno stalker (fisgón o lo que viene a ser, el que investiga en los perfiles de redes sociales a los demás).  Aunque yo estaba de observer (mirar sin aportar), intenté participar en la conversación y, volviendo al aferro juvenil, les dije que no fueran haters (los que muestran odio hacia otros en las redes); algo que motivó que ellos respondieron mirándome como si fuera un mierder (no necesita traducción). Ahí me di cuenta de la necesidad de reciclarme y, tras ese infausto día,  decidí encerrarme una tarde para estudiar lenguaje millennial en mi sofá, es decir, que fui un perrunner (vago) haciendo sofing (viva mi sofá). En esa tarde sin igual terminé sacando mi vena de gamer y jugué en red ya que no me apetecía salir.

La verdad es que tengo cierta envidia de la Generación Z y su crecimiento en paralelo con los avances tecnológicos y la omnipresente internet. Sin embargo, siento pavor ante la inercia a querer trabajar de influencer tras haber tenido una infancia de instagramer, youtuber y/o tuitero. Todos estos perfiles hacen que uno se siente un poco nerd en lo que a lo tecnológico se refiere.

En fin, que yendo a la moraleja de este escrito, he de decir que no hay nada como adaptarse e incorporar aquello que nos sirve para desarrollarnos personal y socialmente y, en este sentido, todo lo que han traído los cambios culturales y, sobre todo, tecnológicos puede hacernos crecer. Esto no quita del riesgo de ser absorbido por estas mismas circunstancias. En todo caso me tranquiliza haber incorporado alguna de estas palabras si bien no seré un swagger (quien se pavonea).