Entendiendo una tómbola como la rifa de algo, surge la pregunta sobre cuál es la asociación de las emociones con una rifa. Siempre me picó la curiosidad con la teoría de las emociones de Robert Plutchik. Desde su perspectiva psico-evolucionista situaba a las emociones como génesis de comportamientos adaptativos. Partiendo de la consideración de ocho emociones básicas, a saber, alegría, confianza, miedo, sorpresa, tristeza, disgusto, enojo (enfado) y anticipación, planteaba la existencia de otros tantos comportamientos adaptativos asociados a las mismas: reproducción, afiliación, protección, orientación, reintegración, rechazo, destrucción y exploración. Decir que atendiendo a la cualidad de las mismas, me llama la atención como cuatro tienen un carácter negativo, dos positivo y dos neutro. A ver si lo negativo va a ser más adaptativo…

Profundizando aún más en esta interesante teoría, cada emoción tienen una intensidad que la define y, en este sentido, la alegría se mueve entre los polos del éxtasis y la serenidad, la confianza entre la admiración y la aceptación, el miedo entre el terror y la aprensión, la sorpresa entre el asombro y la distracción, la tristeza entre el pesar (depresión) y el aislamiento, el disgusto entre el asco y el aburrimiento, el enojo entre la ira y la molestia y, para terminar, la anticipación entre la alerta y el interés.

Por si éramos pocos, estas emociones se combinan en lo que Plutchik llamó diadas primarias, formando emociones secundarias (no por su valor sino por ser combinación de otras). Desde esta perspectiva, el amor sería una mezcla de alegría y la confianza, aunque seguro que en una lectura ávida se os ocurren otras emociones precursoras en función de las experiencias respectivas. La sumisión sería una mezcla de confianza y miedo, la consternación de miedo y sorpresa, la desaprobación de sorpresa y tristeza, el remordimiento de tristeza y disgusto, el desprecio de disgusto y enojo, la agresividad de enojo y anticipación y el optimismo de anticipación y alegría. Total, que con afecto positivo quedan el amor y el optimismo, mientras que el resto son de afecto negativo.

Espero no aburriros pero quiero señalar que existen diadas secundarias y diadas terciarias que dan lugar a emociones como desesperación, envidia, cinismo, orgullo, fatalismo, deleite, sentimentalismo, vergüenza, indignación, morbosidad, dominación o ansiedad entre otras. Permitidme el chascarrillo, pero las combinaciones me parecen un poco forzadas con una sensación de inmutabilidad a modo de prototipos emocionales poco creíbles. Ya se cuestionaba Quevedo con su flamante ironía en unos versos dedicados al amor si significaba ¿decirme agravio? ¿reprenderme el gusto? ¿no mostrar disgusto?, desdeñando pues el papel de la confianza en el amor en aras de una sutil condescendencia.

Volviendo al título y aunque mostré mi interés por Plutchik he de deciros que mi visión de las emociones es poco psico-evolucionista y sí más bien constructivista. Al fin y al cabo, aunque las emociones van y vienen con unos automatismos, considero que son una creación nuestra a partir de sensaciones, experiencias, aprendizajes previos y un conjunto de factores en los que, inevitablemente, influye el entorno sociocultural y educativo en el que nos movemos y hemos movido. Desde esta perspectiva que no es propia sino de Barrat, nuestra mente es un creador de reacciones emocionales que explican nuestras sensaciones y comportamientos. Toda vez que se asume este planteamiento, nos alejamos de un universalismo emocional, es decir, creer que las emociones son iguales allí por donde vayas y nos sumergimos en una concepción constructivista de las emociones. Siendo más concretos, una emoción como la alegría es muy variable y sabemos que es alegría por nuestro aprendizaje, creación de la misma y aplicación a diferentes situaciones en las que las sensaciones internas y lo que percibimos son etiquetados así. Dicho de otra forma, ninguno naceríamos con una programación para reconocer que determinados cambios corporales implican inexorablemente una emoción, sino que la información o etiquetado de la emoción está en nuestra percepción de la misma. Por no ser farragoso, y bajarlo a un lenguaje más mundano, en el caso de nuestra querida emoción amorosa, no habría una concepción unívoca de la misma y universal. Así, en diferentes culturas podría ser interpretada de diferentes formas e incluso conllevar comportamientos muy diferentes. Sirvan de ejemplo emociones como el enfado, que en Alemania tiene tres conceptos culturales diferentes.

Me viene a la mente el ejemplo de las sensaciones vegetativas que acompañan a una crisis de angustia. La emoción ansiedad estaría disparada y sería interpretada a partir de esos cambios corporales. Sin embargo, esos mismos cambios pueden acompañar  una situación de excitación y no son interpretados como ansiedad.

Total que al final he acabo exponiendo mi afinidad a una perspectiva aunque ya se sabe que las virtudes no suelen estar en los polos. Decía la canción que la vida es una tómbola, ton ton tómbola… de luz y de colooor, de luz y de coloooooooooooor y haciendo el símil emocional, el que sintamos unas u otras emociones es una suerte de tómbola vital que tiene que ver con la interpretación que hacemos de lo que nos sucede y sucede alrededor mediatizada por las propias vivencias. Si esto no te ha convencido y crees que es una visión demasiado fría de las emociones supongo que eres de los que piensan que en los ojos y en la frente, se lee lo que el hombre siente y si te he convencido, serás más afín a la idea de que  caras vemos, corazones no sabemos.