La fibromialgia es una enfermedad crónica que produce dolor en múltiples localizaciones del cuerpo y cansancio generalizado.  Las manifestaciones clínicas más frecuentes se agrupan en  síntomas de diversa índole. Los estudios de prevalencia no arrojan cifras muy claras debido a la falta de especificidad y sensibilidad de los criterios aplicados en la evaluación. Tampoco se ha establecido un factor etiológico capaz de explicar el síndrome. Pese a esto, un conjunto de factores predisponentes y precipitantes se sitúan en la base del entendimiento de la patología, discutiéndose el papel de los factores de naturaleza psicológica.

Lo ciertos es que esta patología es uno de los casos más frecuentes en las Unidades de Salud Mental respecto a las consultas de pacientes que padecen enfermedades crónicas con dolor y la coexistencia alteraciones emocionales de tipo ansioso-depresivo. La patología suele ser de tipo reumático (artritis reumatoide, artrosis, etc.) destacando el diagnóstico de fibromialgia. La medicina genera un grupo de pacientes incomprendidos que reclaman el reconocimiento de sus dolencias así como un remedio eficaz para las mismas. Esta incomprensión deriva de la falta de una etiología concreta y de pruebas analíticas positivas de diagnóstico de esta patología. En este contexto, los pacientes son reiteradamente etiquetados por la medicina oficial como enfermos funcionales o psiquiátricos en el mejor de los casos.

La fibromialgia se caracteriza por dolor músculo-esquelético generalizado con frecuentes alteraciones emocionales, uniéndose una heterogénea sintomatología de predominio desigual de acuerdo a diversos factores poco definidos. Estas características dificultan el abordaje emocional de la problemática. Tampoco resulta sencillo establecer una relación terapéutica adecuada, ya que se trata de personas situadas, en la mayoría de los casos, en plena actividad laboral, con la incapacidad laboral transitoria y, en ocasiones, en trámites de una invalidez.

Fue en 1904 cuando Sir William Gowers propuso el nombre de fibrositis para el dolor de tipo muscular debido a la inflamación del tejido fibroso. En el mismo año,  Stockman publicó 7 casos de pacientes que presentaban la fibrositis, confirmando mediante biopsias la inflamación de los septos fibrosos intramusculares. El seguimiento a largo plazo del síndrome ha demostrado que se trata de una afección crónica y benigna, aunque sus síntomas pueden variar de severidad a lo largo del tiempo. Con el término benigno se hace énfasis en que no va a causar una destrucción esquelética ni va a producir deformaciones. El pronóstico de la fibromialgia es malo como consecuencia de la persistencia o cronicidad del dolor y la discapacidad que genera. Alrededor del 60% de los enfermos seguirían padeciendo los síntomas centrales pese a que el 85% estaría bajo medicación. Un porcentaje muy bajo (5%) presentaría una remisión completa de sus síntomas.

La prevalencia, aunque ya se ha señalado como poco específica, se sitúa entre un 2-8% aproximadamente, siendo tres veces más probable en las mujeres con respecto a los hombres. La mayoría de los estudios coinciden en señalar que la psicopatología del paciente es una consecuencia del dolor crónico y no una causa del mismo. El diagnóstico adecuado de la fibromialgia comprende una valoración cualitativa del cuadro y de los puntos sensibles, análisis farmacológico del dolor, tests psicológicos y respuesta al suero salino. Por último, en cuanto al tratamiento, los programas multidisciplinares son los más efectivos e inciden en variables psicológicas, farmacológicas y ambientales.

A modo de conclusión, es imprescindible un enfoque con fines didácticos dirigido a dar información clara sobre la naturaleza, pronóstico y posibilidades terapéuticas. De esta forma se puede lograr una adecuada comprensión de los síntomas que tranquilice al paciente y a su familia, desechando mecanismos negativos o falsas atribuciones (p. e.: ansiedad) para la enfermedad.

Fuente: Navas, E., Muñoz, J. J. y García, L. C. (2003). Fibromialgia: una enfermedad reumatológica con alta comorbilidad psicopatológica. Anales de Psiquiatría, 19, 253-264.